domingo, 12 de mayo de 2019

Ideario Juan Bosch


  • “Si no puedo ver por mí mismo la liberación de este pueblo, la veré a través de mis ideas”.
  • “Si mi vida llegara a ser tan importante que se justificara algún día escribir sobre ella, habría que empezar diciendo:
  • “Nació en La Vega, República Dominicana. El 30 de junio de 1909, y volvió a nacer en San Juan de Puerto Rico a principios de 1938, cuando la lectura de los originales de Eugenio María de Hostos le permitió conocer qué fuerzas mueven el alma de un hombre consagrado  al servicio de los demás”.
  • “Nadie se muere de verdad si queda en el mundo quien respete su memoria”.
  • “Hay personas que creen que los hechos históricos son producidos por los grandes hombres, y resulta que es al revés; son los hechos históricos los que producen a los grandes hombres”.
  • “No hay arma más potente que la verdad en manos de los buenos”.
  • “Toda obra digna para a menudo bajo las sombras de la infamia; el que combate, sin embargo, no puede detenerse ante la infamia”.
  • “Nadie que tenga miedo puede hacer obras de importancia.
  • Tampoco hay que tener más valor de la cuenta, como les ocurre a algunos de los locos que pueblan la tierra, y creen que el valor les ha sido concedido para hacer el mal y abusar de los débiles”.
  • “La lucha de los pueblos es constante; nacen mártires donde muere uno: florecen las ideas allí donde las persiguen; un pasado heroico, cuajado de nobles hombres, estimula a los jóvenes e ilumina el porvenir”.
  • “El hombre no puede cumplir su destino en la sociedad sino convierte sus ideas y sus deseos en hechos, porque sólo los hechos tienen verdadero valor en la vida social”.
  • “El destino de cada uno está en la educación que se le haya dado. Para que su conducta sea buena, el hombre tiene que ser mejor educado”.
  • “Hay que educar al hombre para que respete las leyes. Sin leyes no hay sociedad humana, y las leyes sólo tienen valor si cada persona las acepta y las respeta y las hace respetar”. “No es ciudadano el que ignora cuáles son sus deberes y cuáles son sus derechos (…). No puede haber paz donde no hay conciencia cívica y no hay conciencia cívica donde no hay cultura”.
  • “No podría haber disciplina donde faltara la mística, pero tampoco podría haber mística donde faltara la disciplina, y nadie puede imponer la disciplina allí donde trabajando en una misma tarea cada quien la lleva a cabo como le parece, no como debe hacerse”.
  • “Sin amor es imposible hacer algo creador. La gallina, que es considerado el más cobarde de los animales domésticos, se lanza como pequeña fiera emplumada sobre el que se acerque demasiado a sus polluelos. El amor hace fuerte a los débiles y valientes a los cobardes. El amor obra milagros”.
  • “El escritor es un hombre de su tiempo, y siendo un hombre de su tiempo tienen que afectarle las condiciones en que vive el pueblo, la situación general del mundo, y éstas preocupaciones se van a reflejar en su obra”.
  • “Prefiero al escritor comprometido, pero comprometido con la causa buena, y la causa buena es la lucha por la liberación de los pueblos, por la liberación de los hombres. La causa buena es la que señala un rumbo, un camino hacia el futuro, un camino hacia el mayor bienestar de la humanidad, no de una minoría que viva a expensas del resto de la humanidad, sino de la humanidad completa.
  • El escritor debe tener una conciencia bien clara de que el mundo mejor sería el mundo donde todos pudieran ser escritores y pintores y músicos y bailarines y cantantes. Es decir, el mundo donde las facultades humanas, las mejores facultades humanas, se expresaran con mayor intensidad y mayor brillo”.
  • .“En su significación más amplia y profunda, la palabra cultura significa la acumulación de todos los conocimientos y de todas las artes que la humanidad ha venido creando en su larga lucha en dominar la naturaleza que lo rodea, de la cual saca su sustento, su techo, lo que la viste y cura, y en suma, todo lo que ha necesitado para mantenerse con vida y constante evolución”.
  • “Lo primero que hizo Duarte fue creer, como lo creyó, que en un país que para el año de la fundación de La Trinitaria no debía tener más de cien mil habitantes, si es que llegaba a tenerlos, pudiera establecerse una república independiente capaz de sostenerse durante mucho tiempo (…). Juan Pablo Duarte tuvo el coraje de creer que en un territorio pequeño, deshabitado e incomunicado interior y exteriormente podía establecerse una república. Para creer eso era necesario tener una fe inconmovible en la capacidad de lucha del pueblo dominicano, y Duarte la tuvo”.
  • “Una cosa es tener creencia y poner en ella toda la fe de que es capaz el alma humana y otra cosa es dedicarse a convertir esa creencia en realidad, y Duarte fue capaz de hacer esto último. Ahora bien, para hacerlo tuvo que escoger un método de organización (…): fundar una asociación secreta formada por doce hombres, todos jóvenes, que el propio Duarte escogió tomando en cuenta sus condiciones intelectuales, morales y hasta físicas; es decir, tomando en cuenta su calidad. Para Duarte, la lucha que debía llevarse a cabo tenía que ser organizada partiendo de la calidad política y humana de los que iban a dirigirla”.
  • “La historia de la lucha por la libertad en la cual se han consumido generaciones y generaciones de latinoamericanos desde principios del siglo XIX; es, en suma, la misma guerra a muerte que hemos sostenido en América contra poderes extranjeros y reacción nacional aliados”.
  • “Esta tierra es de los dominicanos, no de un grupo de dominicanos; que su riqueza es para los dominicanos, no para un grupo de dominicanos; que su destino es el de la libertad, no el de la esclavitud; que su función es unirse a América en un camino abierto y franco hacia el disfrute de todo lo que significa para los pueblos la libertad pública y la justicia social”.
  • “Pongamos todos juntos el alma en la tarea de acabar con el odio entre los dominicanos, como se acaba con la mala hierba en el campo que va a ser sembrado. Pongamos todos juntos el alma en edificar un régimen que dé amparo a los que nunca lo tuvieron, que dé trabajo a los que lo buscan sin hallarlo, que dé tierra a los campesinos que la necesitan, que dé seguridad a los que aquí nacen y a todos los que erran por el mundo en pos de abrigo contra la miseria y la persecución”.
  • “Creemos en la libertad, en la dignidad y el derecho del pueblo dominicano a vivir y a desarrollar su democracia con libertades humanas pero también con justicia social”.
  • “Trabajemos por nuestro pueblo y por América, trabajemos con tesón y con humildad (…). Todos seremos polvo algún día, y de nosotros quedará el recuerdo sólo si le damos a este pueblo y a la América lo que el pueblo dominicano y la América esperan de nosotros. Tesón para la lucha y humildad para recibir la opinión de los adversarios y el juicio de la historia: es lo que les ofrecemos a ustedes”.
  • “Para mantener la democracia hay que esforzarse en conservar la moral política y administrativa, y sin esa moral los partidos democráticos no pueden aspirar a ser seguidos por el pueblo”.
  • “Un gobierno democrático debe tener los oídos abiertos para oír la verdad, ojos activos para ver lo mal hecho antes de que se realice, mente vigilante para que nadie ponga en peligro la libertad de cada ciudadano, y un corazón libre de odios, dedicado día y noche al servicio del pueblo”.
  • “Los hombres pueden caer pero los principios no. Nosotros podemos caer pero el pueblo no debe permitir que caiga la dignidad democrática. La democracia es un bien del pueblo y a él le toca defenderla”.
  • “El arma más poderosa con que puede contar una nación, sea a su favor o sea en su contra, no es la bomba H ni el anti cohete orbital; es la opinión pública mundial. El Pentagonismo podrá tener de su lado el interés de los que acumulan poder y dinero, pero no tendrá de su lado a los que aspiran al reino de la justicia sobre la Tierra. La simple palabra de Jesús acabó siendo más poderosa que las arrogantes legiones de Roma”.


El 30 de Junio se define como un proyecto democrático y progresista. Tiene por propósito preservar el legado teórico de Juan Bosch, expresado en sus obras de investigación política, sociológica, histórica y cultural como en su praxis política sustentada en los valores éticos, humanistas y patrióticos que por igual sustentaron Juan Pablo Duarte, Gregorio Luperón y todos aquellos dominicanos que amaron y aman esta patria quisqueyana.

jueves, 9 de mayo de 2019

El fraude del "capitalismo progresista"



Nick Beams, wsws

Las alarmas están empezando a sonar en algunos de los escalones superiores de las élites corporativas y financieras de Estados Unidos sobre la posibilidad de una explosión social, a medida que la desigualdad de la riqueza e ingresos alcanza nuevas alturas.

A principios de este mes, el fundador y jefe del fondo de cobertura de Bridgewater, Ray Dalio, publicó un extenso ensayo, que contiene datos y gráficos mostrando el crecimiento exponencial de la desigualdad en las últimas tres décadas. Ahí, advirtió que "algún tipo de revolución" podría tener lugar en condiciones de recesión en la economía de Estados Unidos.

Mientras expresaba su gran apoyo al sistema de ganancias, que lo ha convertido en un individuo extremadamente rico (su riqueza personal es de alrededor de $17 mil millones), Dalio escribió que ahora estaba "produciendo un circuito de retroalimentación autorreforzada que amplía la brecha entre el ingreso, la riqueza y las oportunidades hasta tal punto que el capitalismo y el sueño americano están en peligro". Estos "resultados inaceptables" no fueron el resultado de personas malvadas que hicieron cosas malas o el producto de la pereza y la ineficiencia burocrática, sino "debido a la forma en que funciona el sistema capitalista”.

Al otro lado del Atlántico, el londinense Financial Times notó los crecientes temores en los círculos financieros estadounidenses sobre el crecimiento de la oposición al capitalismo y el apoyo al socialismo en un importante artículo publicado el lunes 22 titulado "Por qué los CEO estadounidenses están preocupados por el capitalismo".

Citó el ensayo de Dalio y sus comentarios al programa de la CBS "60 Minutes" de que "el capitalismo está roto" y se encuentra en una "coyuntura" en la que los estadounidenses podrían reformarlo juntos "o lo haremos en conflicto".

También señaló las preocupaciones del presidente de JP Morgan Chase, Jamie Dimon, quien advirtió en su última carta a los accionistas que el “sueño americano” estaba "desgastado". El capitalismo sacó a miles de millones de la pobreza, escribió, pero "esto no quiere decir que el capitalismo no tiene defectos, no deja atrás a la gente y no debería mejorarse".

Estos llamados a la "reforma" están motivados por profundos temores de las implicaciones del giro a la izquierda en amplios sectores de la población estadounidense. Dado que su banco recibió miles de millones de dólares del Gobierno y se benefició de la suma de cientos de miles de millones más de las políticas de dinero barato de la Reserva Federal, Dimon expresó temores de que el socialismo sería un "desastre para nuestro país".

Señalando las motivaciones de los CEO, el artículo citó al presidente de la Fundación Ford que administra $13 mil millones, Darren Walker. "Parte de lo que les asusta es la política", dijo. “Lo que realmente los asusta es cuando observan datos que muestran que los jóvenes se sienten cada vez más cómodos con el socialismo como una forma de organizar la economía. Eso es increíblemente aterrador para ellos".

Según una encuesta realizada por Gallup el año pasado, el 51 por ciento de los estadounidenses de 18 a 29 años tienen opiniones positivas sobre el socialismo, mientras que el porcentaje de opiniones positivas sobre el capitalismo se redujo de 68 a 45 por ciento desde 2010. Estas cifras son particularmente sorprendentes tomando en cuenta que el antisocialismo es como una religión secular en la prensa y la élite política de los Estados Unidos.

En consecuencia, ahora se están realizando arduos esfuerzos para garantizar que este movimiento hacia la izquierda no vaya más allá y llegue al entendimiento de que el socialismo genuino solo puede llevarse a cabo mediante una lucha política de la clase obrera para poner fin al sistema de lucro capitalista. Esto implica afirmar que es posible alguna reforma del capitalismo.

Uno de estos esfuerzos se expone en un artículo del destacado economista burgués "de izquierda" Joseph Stiglitz, un premio Nobel de la Economía, titulado "El capitalismo progresista no es un oxímoron", publicado en el New York Times el 19 de abril.

Stiglitz comienza señalando que, a pesar de la tasa de desempleo oficial más baja desde fines de la década de 1960, alrededor del 90 por ciento de la población ha visto que sus ingresos se estancaron o disminuyeron en los últimos 30 años, y que Estados Unidos tiene uno de los niveles más altos de desigualdad entre las economías avanzadas, y que el futuro económico de los jóvenes estadounidenses depende más de los ingresos y la educación de sus padres que de cualquier otro factor.

"Pero las cosas no tienen por qué ser así. Hay una alternativa: el capitalismo progresista”. Se basa en el entendimiento de que podemos canalizar el poder del mercado para servir a la sociedad”.

Esta afirmación se basa en una falsificación completa de la historia del sistema capitalista.

Según Stiglitz, el nivel de vida comenzó a mejorar a fines del siglo XVIII porque el desarrollo de la ciencia nos llevó a mejorar la productividad y "aprendimos a trabajar juntos, a través de instituciones como el Estado de derecho y las democracias con controles y equilibrios".

“La clave para ambos fueron los sistemas de evaluación y verificación de la verdad. El peligro real y duradero de la Presidencia de Trump es el riesgo que representa para estos pilares de nuestra economía, su ataque a la idea misma del conocimiento y la experiencia, y su hostilidad hacia las instituciones que nos ayudan a descubrir y evaluar la verdad".

Se necesitaría más espacio del que tenemos aquí para lidiar con este disparate, basado en la afirmación de que el desarrollo de la economía capitalista es el resultado de la aplicación de la razón y de que el individuo Donald Trump ha surgido repentinamente, como si de la nada, para amenazar los pilares mismos de una sociedad racional.

Simplemente indiquemos algunos hechos históricos: que en las economías capitalistas colonizadas, como Estados Unidos y Australia, las relaciones de propiedad y mercado capitalistas se establecieron sobre la base de una guerra genocida contra la población indígena; que la acumulación de riqueza, sobre todo en el lugar de nacimiento del capitalismo industrial, Inglaterra, y luego en otros lugares, dependía de la explotación intensificada de la población trabajadora; que el mercado libre y el sistema de propiedad capitalista establecieron su dominio global a través de las guerras de conquista imperialistas, llevando a dos guerras mundiales en el siglo XX.

Además, el establecimiento del marco político para el sistema de ganancias se llevó a cabo en los Estados Unidos mediante dos revoluciones: la Guerra de Independencia de 1776-83 y la aún más sangrienta Guerra Civil de 1861-65.

Las posteriores reformas en beneficio de la masa de la población en los Estados Unidos y otros países capitalistas importantes no se hicieron para establecer un contrato social, como sostiene Stiglitz, sino que fueron el resultado de vastas luchas sociales, inspiradas por la Revolución rusa de octubre de 1917, y solo se promulgaron debido a los temores profundamente arraigados y bien fundados en las clases dominantes de que provocaría una agitación social en todo el mundo. Este fue un hecho político que Roosevelt entendía bien cuando implementó su New Deal (Nuevo trato), incluso si Stiglitz lo ha olvidado.

En cuanto a Trump, su ascenso a la Presidencia y el establecimiento de formas autoritarias de gobierno, junto con la promoción de la ideología fascista, es la expresión de una enfermedad profundamente arraigada en todo el orden social y económico. Trump no es un "forastero" sino un verdadero producto del desarrollo histórico del capitalismo estadounidense.

La pieza central del análisis de Stiglitz de los males de la economía capitalista es que surgen de la "adopción de la fantasía neoliberal de que los mercados sin trabas pueden generar prosperidad para todos". Esta visión, añade Stiglitz, debe ser ahora descartada para que "se pueda establecer un capitalismo progresista", basado en un "nuevo contrato social entre los votantes y los funcionarios electos, entre los trabajadores y las empresas, entre los ricos y los pobres, y entre los que tienen empleo y los que están desempleados o subempleados”.

Este punto de vista, propuesto en varias formas por una serie de aspirantes a reformistas, desde los economistas neokeynesianos a la llamada "izquierda" del Partido Demócrata, es que, si tan solo hubiera un retorno a alguna forma del "pacto social" del período de posguerra, entonces la sociedad capitalista estadounidense podría disfrutar de una nueva prolongación de vida.

Pero la pregunta que ninguno de ellos aborda, ni hablar de respuestas en un sentido significativo, es ¿por qué colapsó este llamado pacto social —en sí más una fantasía que una realidad tomando en cuenta que EUA en la posguerra estaba desgarrado por conflictos sociales y de clases—?

Es como si de repente una mañana, hacia fines de la década de 1970, los líderes políticos de los Estados Unidos y de todo el mundo se despertaron en el lado equivocado de la cama y decidieron que tenían que adoptar la ideología del libre mercado sin ataduras, destruyendo todo el mundo. El orden social que habían construido tan cuidadosamente para mantener el dominio capitalista después de las turbulentas y, a veces revolucionarias, luchas del período anterior.

No hay rastro de una ciencia, económica o de otro tipo, en tal método, el cual persigue la fuente de los cambios en la economía capitalista en la mentalidad de los políticos burgueses, como Reagan o Thatcher en la década de 1980, o en los cambios en las teorías de la economía burguesa de la regulación estatal keynesiana a las doctrinas de libre mercado de Milton Friedman.

Se debe buscar una explicación científica del fin del auge de la posguerra en los procesos internos, materiales y objetivos de la economía capitalista, que fueron la fuente de la adopción del neoliberalismo basado en darle al mercado y al capital financiero un dominio irrestricto.

En un esfuerzo para reforzar su afirmación de la posibilidad del "capitalismo progresista", Stiglitz se remonta al período posterior a la Segunda Guerra Mundial, cuando parecía que el "sueño americano", después de la devastación de la década de 1930, finalmente se estaba realizando.

"Como economista", escribe, "Siempre me preguntan: ¿podemos darnos el lujo de proporcionar esta vida de clase media para la mayoría, y ni hablar para todos, los estadounidenses? De alguna manera, lo hicimos cuando éramos una sociedad mucho más pobre después de la Segunda Guerra Mundial".

La implicación es que, dado que Estados Unidos hoy en día es un país mucho más rico en términos de producción de riqueza material que el período de posguerra, entonces debe ser posible, bajo el capitalismo, proporcionar la mejora en los estándares de vida que caracterizó las tres décadas posteriores a la guerra.

Tales afirmaciones se basan en un defecto fundamental. La fuerza motriz de la economía capitalista, su dinámica inherente, no es la provisión de más riqueza material. El capitalismo es impulsado por la acumulación de ganancias, cuya fuente es la plusvalía extraída de la clase trabajadora en el proceso de producción. Y aquí la pregunta clave es el ritmo de dicha acumulación, cuya medida es la tasa de ganancias.

El desarrollo histórico del boom de la posguerra, su desaparición y la evolución de la economía capitalista en el período desde entonces debe examinarse desde este punto de vista. Estados Unidos fue un país "más pobre" en el período de la posguerra en el sentido de que produjo menos riqueza material tanto en términos absolutos como per cápita que en la actualidad. Pero en ese período el capitalismo estadounidense disfrutó de tasas de ganancias estables e incluso crecientes.

Este ascenso, después de los desastres de la década de 1930, fue el resultado de procesos globales, de la extensión de los métodos más productivos del capitalismo industrial estadounidense a las otras economías principales, Alemania y Europa occidental, el Reino Unido, Japón y las potencias capitalistas menores como Australia y Nueva Zelanda, lo que aumentó significativamente la masa de plusvalía extraídas de la clase obrera.

Desde el punto de vista del proceso de acumulación de capital, todas las reformas y concesiones a la clase trabajadora (salarios en aumento y mejores condiciones sociales) representaron una deducción de la masa de plusvalía disponible para el capital para su expansión. Pero tal fue la expansión de la plusvalía disponible en el auge de la posguerra que era posible el aumento de las tasas de ganancias y de los niveles de vida. Como decía el dicho: una marea creciente levantó todos los barcos.

Para la academia burguesa miope, parecía que las contradicciones fundamentales del capitalismo, dejadas al descubierto por Marx, las contradicciones que habían producido dos guerras mundiales, el fascismo y la Gran Depresión en el espacio de solo tres décadas, habían sido superadas.

Pero la expansión del boom de la posguerra no pudo continuar indefinidamente. A fines de los años sesenta y principios de los setenta, las tasas de ganancias comenzaron a disminuir. La ley de la tendencia de la tasa de ganancia a caer, caracterizada por Marx como la ley más importante de la economía política desde el punto de vista histórico, había comenzado a reafirmarse. En esencia, esto significaba que las concesiones hechas a la clase trabajadora ahora entraban en conflicto directo con los requisitos de la acumulación de capital, es decir, con la fuerza motriz del sistema de ganancias.

Todos los intentos para resolver esta situación en el marco del orden social y económico de la posguerra fracasaron. Los esfuerzos por intensificar la explotación de la clase trabajadora dentro del sistema existente de producción industrial solo produjeron luchas cada vez más militantes. Al mismo tiempo, los métodos de la economía keynesiana, basados en la estimulación de la economía a través de la intervención del Gobierno, solo dieron como resultado la estanflación. Es decir, un aumento del desempleo junto con la aceleración de la inflación, algo que la doctrina keynesiana había descartado.

Ante esta situación intratable, la burguesía estadounidense y de las otras economías importantes, que ahora apoyan las doctrinas del neoliberalismo, organizaron una reestructuración fundamental de la economía capitalista. Esta consistía en una serie de componentes interconectados que incluyen: la destrucción de vastas áreas de la industria de la posguerra; la organización de la producción global para utilizar fuentes de mano de obra más baratas; y el empleo de nuevas tecnologías informáticas y sistemas de información para reducir los costos de producción e intensificar la explotación laboral.

Estas medidas fueron acompañadas por la liberación del capital financiero de las restricciones que se le habían impuesto durante el auge de la posguerra. Esto le permitió desempeñar un papel central en la reorganización completa de la industria a través de adquisiciones, fusiones y adquisiciones, a menudo a través del llamado mercado de bonos basura, así como la creación de condiciones para la acumulación de beneficios a través del mercado de valores y otras formas de especulación.

El resultado fue institucionalizar un sistema en el que la riqueza creada por el trabajo de la clase obrera era transferida hasta los niveles más altos de la sociedad, lo que llevó al estancamiento y al declive absoluto de los salarios reales y la creación del mayor nivel de desigualdad social visto en cualquier punto de la historia, en los Estados Unidos y en todo el mundo.

Se requerían cambios radicales en el marco legal para facilitar esta dominación del capital financiero. En su artículo, Stiglitz señala el papel clave desempeñado por la Administración de Reagan en el inicio de este proceso. Pero él se detiene allí. Las medidas adoptadas bajo Reagan fueron solo el comienzo. Fueron continuados y profundizados bajo la Administración de Clinton, que el propio Stiglitz integró como presidente del Consejo de Asesores Económicos del presidente en 1995-97.

Fue el Gobierno de Clinton, en el que Robert Rubin asumió el cargo de secretario del Tesoro después de 26 años en Goldman Sachs, el que puso fin a “la asistencia social tal como lo conocemos" y revocó la Ley Glass-Steagall en 1999, eliminando los últimos remanentes de las restricciones impuestas al capital financiero en los años treinta.

Si bien las medidas adoptadas durante las últimas tres décadas han permitido un aumento en las tasas de ganancias, no ha habido un retorno a las condiciones del auge de la posguerra. La economía de los Estados Unidos ya no se caracteriza, como lo fue en ese período, por el crecimiento de la inversión y la expansión de empleos decentes, sino por el aumento del parasitismo y la especulación. Esto se ha visto acompañado por nuevas formas de explotación, la inseguridad laboral siempre presente, los sistemas salariales de dos niveles y la expansión de las condiciones de empleo casual y “justo a tiempo”, junto con el empeoramiento de las condiciones de los empleados públicos, sobre todo de los maestros.

La economía de los EUA ya no es impulsada por inversiones en más producción, sino que se ha vuelto cada vez más dependiente de la inyección de billones de dólares en el sistema financiero para financiar la especulación, comenzando con la decisión del entonces presidente de la Reserva Federal de los EUA, Alan Greenspan, de abrir las válvulas para los bancos y las casas de finanzas después de la caída de la bolsa de octubre de 1987.

Todas estas tendencias y procesos han alcanzado nuevos niveles en la década desde la crisis financiera de 2008, por lo que la economía y el sistema financiero de los Estados Unidos no pueden tolerar ningún retorno a lo que antes se consideraban políticas monetarias "normales", a fin de que esto produzca una crisis nueva y aún más devastadora.

El pilar central del programa de Stiglitz y otros es un aumento en los impuestos para lograr un nuevo pacto social. Pero la bancarrota de esta perspectiva queda inmediatamente expuesta cuando se considera cuál sería el resultado de tales medidas. Mucho antes de ser promulgadas, se enfrentarían a una contrarrevolución desde arriba dirigida contra la clase trabajadora. Los lineamientos ya están a la vista del impulso de la Administración Trump para desarrollar formas autoritarias de gobierno, apoyadas por los demócratas en su búsqueda por desviar la oposición al régimen de Trump detrás de las falsas acusaciones de interferencia rusa.

Los caminos que se abren ante la clase obrera estadounidense y, por extensión, ante la clase obrera en todo el mundo, no son una "elección" entre la reforma, el desarrollo del "capitalismo progresista", y el socialismo. Más bien, las dos alternativas son la contrarrevolución o la lucha por la revolución socialista, es decir, la toma de poder político por parte de la clase obrera para poner fin a la dominación de la oligarquía financiera y llevar a cabo la reorganización de toda la economía para atender las necesidades humanas.

Los defensores del "capitalismo progresista", sobre todo los de la llamada "izquierda" del Partido Demócrata, que nunca escatiman oportunidad alguna para proclamar su lealtad al mercado y afirmar que la suya es la única perspectiva "realista". De hecho, es absolutamente imposible implementarlo porque el modo de producción capitalista, sumido en contradicciones que se han profundizado desde el final del auge de la posguerra, no puede tolerar nada que siquiera se parezca a las reformas del pasado.

La lucha por un verdadero programa socialista es una tarea extremadamente difícil y compleja. Pero es la única perspectiva viable. Al enfrentar estos desafíos y superarlos, vale la pena recordar las palabras de Abraham Lincoln en diciembre de 1862 mientras luchaba por la Proclamación de la Emancipación:

“Los dogmas del tranquilo pasado son inadecuados para el tormentoso presente. La ocasión está llena de dificultades, y debemos estar a la altura de la ocasión”.

Hoy en día, la tarea es la emancipación de la clase trabajadora del dominio y esclavitud en manos de una oligarquía financiera despiadada. Los dogmas obsoletos de una época pasada, avanzados por Stiglitz y otros, no solo son inadecuados. Su objetivo es alejar y desviar el creciente movimiento anticapitalista y socialista en la clase obrera y los jóvenes de las tareas apremiantes que son la orden del día.



El 30 de Junio se define como un proyecto democrático y progresista. Tiene por propósito preservar el legado teórico de Juan Bosch, expresado en sus obras de investigación política, sociológica, histórica y cultural como en su praxis política sustentada en los valores éticos, humanistas y patrióticos que por igual sustentaron Juan Pablo Duarte, Gregorio Luperón y todos aquellos dominicanos que amaron y aman esta patria quisqueyana.

martes, 7 de agosto de 2018

El "Che" desde la perspectiva de pedagogo

Ernesto Che Guevara. Un educador de pueblo 



No iniciaremos hablando del pensamiento pedagógico del comandante Che Guevara, considero que fuéramos más precisos si al tratar el tema que nos ocupa, comenzáramos haciéndolo sobre la pedagogía espontánea en su teoría y su práctica de Ernesto Guevara de la Serna, pues esta se aprecia desde su infancia, desarrollándose y aplicándola durante toda su vida, hasta el día mismo en que fue cobardemente asesinado Fue una personalidad que envió con su palabra y su acción continuamente mensajes a la sociedad , de contenido ético, estético, ideológico. Este mensaje tuvo siempre una repercusión social con un fuerte impacto educativo, se destaca por el amor a la humanidad y estuvo convencido de que la sociedad solo puede cambiarse a través de la educación. Impactaba eficazmente con sus ideas y su modo de actuación en el desarrollo de valores éticos, estético y morales. Definió el estudio de personalidades ejemplares como una excelente herramienta para la formación de la personalidad y planteó la metodología para realizarlo. 

Realizó un profundo análisis del colectivismo y el individualismo, planteando al respecto que el individualismo tenía que desaparecer de nuestro medio social, y debía verse únicamente como el aprovechamiento pleno del potencial humano y profesional de todo el individuo, orientado y aplicado en beneficio absoluto de la comunidad. 

Abordó el colectivismo planteando que era necesario alcanzar la conciencia en el cumplimiento de nuestros deberes sociales, evitando dar primacía a nuestros interese personales, rindiendo cada vez más para la sociedad que tanto espera de cada un o de nosotros. 

La sistematización realizada de los presupuestos teóricos sobre la vida y obra del “Che” constituyen elementos esenciales para la valoración de tan significativa figura de proyección internacional, permitiendo penetrar en el pensamiento y la actuación de un hombre que trascendió con creses en su proyección de revolucionario íntegro el escenario latinoamericano, donde se erige como indiscutible paradigma de toda las generaciones. Revelar las regularidades y tendencias en su pensamiento y su modo de actuación constituyó sin lugar a dudas un obligado referente para demostrar también sus dotes, cualidades y valores que indiscutiblemente lo sitúan como un educador social. 

Sobre su hijo expresó el Dr Ernesto Guevara Linch. ¨Ernesto nunca tuvo perjuicios. No respetaba academias ni académicos. Su polémica era siempre ágil pero maciza y cortante, siempre desprovista de maldad a pesar de ser incisiva. Era un verdadero fanático por la verdad y la imponía aunque ello lo afectase y lo hacia sin vacilar, siempre dispuesto a reconocer errores. Lo mismo que analizaba a los demás se analizaba despiadadamente. Nada de timideces. Cuando había determinado hacer algo, saltaba los obstáculos que tuviera por delante y con una voluntad inquebrantable y una tenacidad a toda prueba no paraba hasta llegar al fin que había propuesto. 

Nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro lo Define como un hombre extraordinario y desinteresado, que vida y su obra tienen la enorme importancia de mostrarnos que hombres como él existen por millones en las masas, con la capacidad de adquirir es una fuerza moral indestructible y plantea. ¨ Yo pienso que lo más grande son realmente los valores morales, la conciencia: El Che simboliza los más altos valores humanos y un ejemplo extraordinario. Creó una aureola y una gran mística.¨ 

Es imposible que se pretenda ubicar los métodos educativos de Ernesto Guevara de la Serna (comandante Che Guevara) desde una posición que se ciña o se apoye en la pedagogía tradicional autorizada en cada momento histórico o región específica, respondiendo siempre a los intereses del sistema social imperante, cuyo objetivo principal es la perpetuidad del mismo. 

La contradicción entre las aspiraciones del gobierno y las del pueblo es una regularidad en la falsa democracia, verificable en la proyección del sistema educacional, cuya tarea principal no es precisamente la educación de las masas populares. 

A pesar de esto, surgen en el pueblo, educadores, que enarbolando una pedagogía sostenida en los verdaderos valores éticos, estéticos y morales van logrando un impacto educativo en el pueblo, ejemplo de ello es la personalidad de este educador social nacido en la Argentina el 14 de Junio de 1928. 

Fue pedagogo sin la necesidad de una certificación acreditativa, su pedagogía es natural y espontánea en su teoría y en su práctica, desde su niñez cuanto decía y hacía ejercía una visible influencia educadora sobre la sociedad. Sus valore emanan y se desarrollan en su interacción con la familia, el barrio, este contexto histórico y social más su inteligencia fueron el pivote que lo lanzaron a más amplios horizontes, a los viajes por su América, que continuaron moldeando su personalidad, observa y se sumerge con rapidez en la situación política, económica y social de la región suramericana y la enfrenta, lucha desde sus juveniles 22 años, dejando una estela de mensajes educativos con su palabra y su actuación, provocando un al tísico impacto social en la sociedad. 

A su paso por cada país fue indio, negro junto al negro, pobre junto al pobre, sintió sobre sí la explotación como todos, pudo conocer a fondo el problema social latinoamericano, sus causas, sus consecuencias y comprender definitivamente cual era el camino a seguir para dar fin a tanta miseria, cuando regresó a su patria, tras su primer viaje y ordenando sus notas diarias sobre el mismo, escribe. ¨ El personaje que escribió estas notas murió al pisar de nuevo tierra Argentina, el que las ordena y pule ¨yo¨, no soy yo, por lo menos no soy el mismo yo interior. Este vagar sin rumbo por nuestra mayúscula América me ha cambiado más de lo que creí¨. 

Sus postulados tendrán eterna vigencia universal en el espacio y el tiempo, nuestro comandante en jefe planteó. ¨Del Che nunca se podrá hablar en pasado.¨ 

Aunque fue un extraordinario estudioso, no se dedicó f9ormalmente a las ciencias pedagógicas, no obstante sus aportes a la teoría y la práctica educativa son herramientas de insuperable valor en el trabajo científico para la formación de la personalidad del hombre íntegro, del hombre del siglo XXI.
Che fue un educador natural, lo lograba con su presencia, con su palabra, con su actuación ejemplar. 

Procedía con extrema sencillez y naturalidad, despreocupado por las riquezas materiales, desprejuiciado por los atuendos, vivía con extrema austeridad y actuaba con un altruismo próximo a la leyenda, tenía el ingenio de transformar las ideas en proyectos y convertir estos en realidades. 

Utilizó como métodos para educar la polémica, el debate y la diversidad en las ideas, la reflexión, la autocrítica, la crítica, de la que planteó ¨Es el examen sin que obligue a la severidad ni a la censura, la crítica es siempre difícil, pero criticar no es morder, ni tenacear, ni clavar en la áspera picota, sino que criticar es señalar con noble intento el lugar negro y desvanecer con mano piadosa la sombra que oscurece la obra bella¨. 

Enfatizó en la persuasión y sobre todo en el ejemplo y expresó. ¨El mejor adoctrinamiento revolucionario que puede existir es mostrar por vías del ejemplo, el camino del cumplimiento del deber.¨ 

Muestra exquisita claridad en sus ideas y orientaciones, espontaneidad en sus consejos y enseñanzas, une a su pensamiento su acción y las preside con su ejemplar actuación. 


El 30 de Junio se define como un proyecto democrático y progresista. Tiene por propósito preservar el legado teórico de Juan Bosch, expresado en sus obras de investigación política, sociológica, histórica y cultural como en su praxis política sustentada en los valores éticos, humanistas y patrióticos que por igual sustentaron Juan Pablo Duarte, Gregorio Luperón y todos aquellos dominicanos que amaron y aman esta patria quisqueyana.

martes, 7 de noviembre de 2017

MOVIMIENTO 30 DE JUNIO





El 30 de Junio se define como un proyecto democrático y progresista. Tiene por propósito preservar el legado teórico de Juan Bosch, expresado en sus obras de investigación política, sociológica, histórica y cultural como en su praxis política sustentada en los valores éticos, humanistas y patrióticos que por igual sustentaron Juan Pablo Duarte, Gregorio Luperón y todos aquellos dominicanos que amaron y aman esta patria quisqueyana.

domingo, 8 de octubre de 2017

A cien años de El Estado y la revolución, de V. I. Lenin

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“Ninguna idea nueva triunfa por sí sola, aunque lo merezca”.
Aquiles Nazoa
El Estado y la revolución [1] es uno de los textos que V.I. Lenin produjo en 1917, el año de la Gran Revolución de Octubre. Lejos de todo interés especulativo, su objetivo central era construir un sentido político urgente en un contexto revolucionario. Este es un dato insoslayable a la hora de justipreciar el valor histórico de este trabajo. En primer lugar porque el texto (como todos los textos) debe analizarse en la especificidad de su contexto histórico. Una verdad de Perogrullo pero que, a veces, se suele pasar por alto, tanto para ensayar idealizaciones como refutaciones. En segundo lugar porque el signo más distintivo del itinerario político-existencial de Lenin es la autenticidad, una de las condiciones más nobles a las que puede aspirar un intelectual crítico, un intelectual que pretende desarrollar un vínculo orgánico con las clases populares y estar a la altura de su tiempo. Por eso, las fallas estructurales, los baches conceptuales y las falencias estéticas quedan para nosotros irremediablemente relegados y, sobre todo, opacados por su praxis. Podríamos decir entonces que la autenticidad alejó a Lenin del desatino. Se trata de la autenticidad que surge de la negativa a habitar en el lugar de la “metaposición”, de la autenticidad que nace de la negativa permanente a convertirse en espectador de sí mismo. La autenticidad del revolucionario que no busca ningún privilegio. Hecha esta aclaración, estamos en condiciones de continuar.

Para componer El Estado y la Revolución, Lenin se basó principalmente en Karl Marx y en Friedrich Engels. Del primero tomó La Guerra Civil en Franciala Crítica al programa de GothaMiseria de la Filosofía y El Dieciocho brumario de Luis Napoleón Bonaparte. Del segundo tomó El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. Claro está, pasó por la estación obligada del Manifiesto comunista.

Clandestino en Finlandia, Lenin redactó la versión definitiva del texto entre agosto y septiembre. En el plan inicial, el trabajo tenía previsto un último capítulo sobre la experiencia de las revoluciones rusas de 1905 y 1917. No llegó a escribirlo porque, como afirma en las “palabras finales a la primera edición”, la crisis política vino a “estorbarlo”. Se trata, claro está, de una ironía. En verdad Lenin consideraba que era “más agradable y provechoso vivir la ‘experiencia de la revolución’ que escribir acerca de ella”. La escritura también fue para Lenin una forma de vivir la experiencia de la revolución. Y de comprenderla.

Vale destacar que, en el lapso que media entre dos momentos claves: febrero y octubre de 1917, Lenin produjo junto a El Estado y la revolución otros materiales de enorme relevancia política y teórica tales como las Cartas desde Lejos (escritas en marzo) y la Tesis de Abril, producidas en el exilio suizo. [2] Sostenemos que en estos textos de “entre-revoluciones” podemos hallar retazos del Lenín más alejado de lo que después coaguló como el leninismo que copó el marxismo (marxismo-leninismo). El contexto histórico resulta determinante. En estos materiales tiende a predominar el énfasis en las masas, en la espontaneidad y en el movimiento y no tanto en la organización, la disciplina y la institución. ¿Cabe hablar de un leninismo “de base” distinto de un leninismo “canónico”? ¿Cabe hablar de un leninismo en diálogo con la cultura libertaria? No descartamos esas posibilidades, aunque hayan sido desestimadas por la tradición conocida como marxismo-leninismo. Vale aclarar que esta tradición se elaboró después de la muerte de la Lenin y que, más allá de su prolongada hegemonía dentro del marxismo, más allá de haber sido canonizada, no deja de proponer un recorte y una interpretación de Lenin.

Este pequeño ensayo debería verse como un intento de diálogo con los clásicos (nos referimos a los clásicos del “pensamiento emancipador”), con los contemporáneos y con nuestra realidad. Cabe señalar que para algunos intelectuales conformistas este diálogo en tres frentes resulta hoy inviable o aporético, mientras que para nosotros resulta estratégico, tanto desde el punto cognoscitivo como político. ¿A qué responde la desconfianza de los primeros? En primera instancia al hecho de que existe una tendencia a leer los clásicos dogmáticamente, persiguiendo una supuesta fidelidad a través de la mimesis, la repetición y la adoración austera. Luego, cabe señalar que los intelectuales conformistas son poco proclives a reconocer la influencia de los contemporáneos y porque la realidad, por diversos motivos y de modos muy variados, es negada como problema. Sobre todo, son negadas las posibilidades infinitas que esa realidad ofrece, las alternativas de ser “revolucionada” desde su interior.

¿Qué alimenta nuestra confianza? Estamos convencidos de que son productivas las lecturas heréticas de los clásicos, en particular la de El Estado y la Revolución, y reivindicamos los intentos de innovación heurística desde el marxismo. Creemos que es la mejor forma de ejercer una fidelidad de fondo respecto del texto y el autor. No se trata de proponer una redescripción metafórica o de apelar a los atajos poéticos para decir lo mismo que decía Lenin pero de otro modo. Queremos contribuir a pensar los caminos más adecuados para actualizar –permanentemente, como corresponde– las narrativas, las ideas, los proyectos y estructuras orgánicas de las organizaciones populares que asumen proyectos de cambio radical. Todavía pervive un sentido común marxista-leninista impuesto por la escolástica marxista-leninista. Y Lenin sabía mejor que nadie que el sentido común nunca hacía revoluciones.

De ningún modo queremos dilapidar los saberes políticos emancipatorios acumulados por los pueblos del mundo en los últimos siglos, especialmente en el último, a partir del horizonte que instituyó la Revolución Rusa. Por otra parte, sabemos que esos saberes están ahí, como cicatrices imborrables que no pueden ocultar los pliegues sucesivos. Sabemos que el atesoramiento (en doctrinas, formulas o papeles) no es la mejor formar de disponer de esos saberes. Es más, creemos que esa modalidad puede contribuir a convertirlos en adorno ideológico. Hay que ponerlos a jugar en las construcciones colectivas de nuestros pueblos, en sus organizaciones y movimientos. Ponerlos a prueba todo el tiempo. Ajustarlos. Desecharlos. Convidarlos. Así, y sólo así, podremos convertir las palabras en acción y las acciones en palabras.

El Estado y la revolución , a 100 años, conserva la capacidad de instituir un horizonte de reflexión-acción política no vertical y, por ende, no idiotizante. Hablamos de una política con mayúsculas que rechaza siempre las concepciones estáticas respecto de las relaciones de fuerza y que no reproduce el vicio de la política burguesa convencional acostumbrada a considerar la realidad como los intereses pegados a sus narices. Una política emancipadora que siempre quiere participar de un agenciamiento colectivo del abajo sublevado. Participar directamente, o por lo menos celebrarlo. Un horizonte para pensar-hacer la política popular. Para pensar el poder popular, en la resistencia y más allá de la resistencia.

El Estado y la Revolución desarrolla una teoría “no-teórica” del Estado. Es decir una teoría que busca expresarse en una fórmula política de fácil y pronta captación e implementación. El problema está en considerar a esa teoría del Estado simplificada como un punto alto del texto (o peor todavía, como un punto alto del “leninismo”). No cabe hablar aquí de deformaciones derivadas de criterios “didácticos”. Simplificar no es lo mismo que simplismo. Digamos entonces que en este intento de plasmar una teoría “no teórica” del Estado radican las desventajas de El Estado y la Revolución. Las ventajas hay que buscarlas en otros sentidos de la obra.

Entre las desventajas de El Estado y la Revolución, entre sus puntos más inconsistentes y “antivigentes”, cabe señalar el tratamiento abstracto y reduccionista sobre el Estado propuesto en algunos pasajes. Lenin concibe al Estado como un aparato “neutral” determinado por sus funciones, como un “recipiente” susceptible de ser colmado por diferentes contenidos, como pura forma, como una herramienta cuya función y cuyos efectos dependen del brazo que la empuña. El fundamento teórico del que parte Lenin tiende a escindir relaciones de producción/acumulación y Estado, no considera el carácter co-constitutivo de estos planos. Presenta al Estado como una entidad ajena a las relaciones de producción (y las relaciones sociales en general). Luego, su idea del Estado recipiente fundará la idea del partido como recipiente de la conciencia. Así, la visión de Lenin sobre el Estado puede calificarse de instrumentalista, funcionalista, formalista. Digamos también que subyace en esta visión una concepción del poder como cosa, una tendencia a la “sustancialización” del poder que ha servido para establecer un parentesco remoto entre Lenin y Thomas Hobbes.

En este sentido Lenin se distancia de la posición sustentada por Marx en El 18 Brumario de Luis Napoleón Bonaparte, que planteaba que los trabajadores y las trabajadoras no estaban en condiciones de “simplemente tomar posesión de la maquinaria estatal y manejarla” en función de sus fines. Marx ratificará esta posición en sus análisis de la Comuna de París de 1871. También se aparta de la sugerencia deslizada por Marx en el tomo I de la Historiacrítica de la teoría de la plusvalía, y que propone ver al Estado habitando en los poros en la sociedad.
Lenin presenta al Estado moderno como una mera forma carente de contenido propio; por ende, un instrumento fácil de “traspasar” de unas manos burguesas a otras manos proletarias. El contenido le vendría al Estado “desde afuera”. Entre otras cosas, esta mirada le permite a Lenin presentar al Correo como modelo de economía socialista, definir al socialismo como un sistema donde los ciudadanos son empleados del mismo consorcio (la sociedad socialista como una sola oficina y una sola fábrica), o reivindicar la más férrea disciplina fabril (aunque más no sea como escalón necesario).

El instrumentalismo ha sido una de las limitaciones más importantes de la teoría del Estado del marxismo-leninismo. Y este no es un tema menor, dadas sus consecuencias prácticas. Por ejemplo, Antonio Gramsci vinculó la comprensión del Estado al desarrollo de la conciencia de clase. Lamentablemente, estas inconsistencias fueron erigidas en dogmas que aún no han sido superados del todo, sobre todo en el ámbito de la izquierda tradicional; a pesar de los aportes posteriores que, desde el marxismo más heterodoxo, dieron cuenta de dimensiones estructurales y políticas del Estado, que analizaron el Estado como una relación social, en fin, que buscaron ahondar en los aspectos más complejos de la cuestión.

Luego, la concepción de la dictadura del proletariado de Lenin tiende a priorizar las formas estatales por sobre las sociales. Y esto se relaciona con el problema de concebir a la toma del poder del Estado y la estatización de la economía “desde arriba” como punto de partida del comunismo. Aquí, la diferencia con Marx es evidente.

Otro flanco débil: la exclusividad otorgada al proletariado en el proceso histórico, la distancia respecto de cualquier concepción cercana a la noción de “bloque histórico”, que dio lugar a las decodificaciones cerradamente obreristas, productivistas y sectarias del leninismo. Varios autores han señalado el error que consiste en hipostasiar una forma de organizar a la fuerza de trabajo que es particular y situada, pasando por alto la relación general entre el capital y el trabajo.

Ahora bien, a favor de Lenin debemos señalar que algunos años más tarde y en pleno desarrollo de la experiencia revolucionaria y “estatal”, su posición respecto del Estado se fue modificando. Existen muchas fuentes que corroboran esta afirmación, recurrimos a una entre muchas posibles: su Testamento político. En una nota del 26 de diciembre de 1922, Lenin decía: “es imposible modificar un aparato, en una medida suficiente, en cinco años, dadas sobre todo las condiciones en que se realizó entre nosotros la revolución”. [3] En otra nota del 30 de diciembre volvía sobre el mismo tópico: “Se afirma que era necesaria la unidad del aparato. ¿De dónde emanaban esas afirmaciones? ¿No provenían acaso del mismo aparato de Rusia que […] tomamos del zarismo, limitándonos a recubrirlo ligeramente con un barniz soviético?....” Unas líneas más adelante agregaba: “denominamos nuestro a un aparato fundamentalmente extraño y que represente una mezcolanza de supervivencia burguesas y zaristas; que nos fue en absoluto imposible transformarlo en cinco años” [4] . Al final de sus días, postrado por la parálisis del costado derecho de su cuerpo, Lenin comprueba que el Estado no un instrumento neutral, que el “Estado obrero” seguía siendo una “afirmación retórica”, un proyecto que estaba dando sus primeros pasos y que, además, estaba en riesgo de naufragar ante una inminente degeneración burocrática.

Entre las ventajas de El Estado y la Revolución, cabe destacar el despliegue de un pensamiento capaz de incidir en la realidad. Algo que puede parece muy básico y hasta obvio. Pero que desde nuestro tiempo casi puede parecer excesivo. A Lenin le interesaba la filosofía (o “la teoría”) en la medida que se relacionaba con la política. Con Lenin el marxismo adquirió contenido político. Lo que no dejó de constituir un paso histórico formidable para los pueblos del mundo, más allá de la discusión respecto del valor de esos contenidos o de su vigencia.

Aún con sus costados más cuestionables El Estado y la revolución fue una obra que recuperó y puso en valor (¡en el terreno de la praxis!) las enseñanzas de Marx respecto del Estado en general y la Comuna de París en particular.
El Estado y la Revolución retoma la concepción marxista que establece que el Estado como institución sólo posee valores negativos, dado que está fundado en la alienación de los hombres y las mujeres. Por consiguiente, el socialismo (o el comunismo), en última instancia, exigen liberar a la sociedad del Estado. Para Marx los trabajadores y las trabajadoras debían suprimir el Estado para hacer valer su propia personalidad. Marx jamás consideró la posibilidad de una reconciliación entre el Estado y la sociedad.

La hipótesis central de El Estado y la Revolución es la abolición del Estado como medio para restituirles a los hombres y a las mujeres la plenitud humana, para acabar con la alienación política. Pero no la abolición en el sentido que le atribuían y le atribuyen los anarquistas. Lenín, sostiene que la propuesta clave de la teoría marxista del Estado remite a la destrucción/extinción del Estado. Lenin formula una dialéctica del proceso histórico de destrucción/extinción del Estado de la burguesía por la revolución proletaria. Para Lenin el Estado burgués no se extingue, se destruye, lo que se extingue es el Estado proletario. Entonces, no se trataba se perfeccionar la maquinaria del Estado, al modo de la Revolución Francesa, sino de destruirla. Lenin decía –también– que no alcanzaba con apoderarse de la máquina del Estado. De alguna manera las limitaciones que le asigna a esta operación liman las aristas más instrumentalistas de su concepción general. Para Lenin se trataba de enviar al Estado el museo de las antigüedades, como sostenía Engels. Pero el proceso imponía un tiempo de transición y la necesidad de la dictadura del proletariado como una forma superior de la democracia. En los manuales soviéticos, los tristemente célebres “ladrillos”, no había la más mínima mención al planteo leninista referido a la extinción del Estado.

El modelo de Estado marxista para Lenin es el modelo de la Comuna de Paris. A pesar de sus inconsecuencias, alguna de ellas impuestas por el contexto revolucionario. Lo cierto es que Lenin aspiraba a una localización del poder al interior de la sociedad civil popular, imaginaba a esta sociedad de los y las de abajo apropiándose de todas las funciones (poderes) que antes concentraba el Estado.

Lenin propone terminar con el Estado burgués y sus instituciones: el derecho, la familia, la moral. Ratifica el ideal marxista de una sociedad sin dominación de los hombres y las mujeres por otros hombres y otras mujeres, la superación de la división del trabajo en todos los planos, incluyendo el que se refiere a las funciones del gobierno; la ruptura de la escisión entre dirigentes y dirigidos. Plantea la idea de unas funciones simplificadas aptas para ser ejercidas por todo el pueblo. En concreto, Lenin, inspirado en las posiciones de Marx en relación a la Comuna de París, propone eliminar todos los blindajes institucionales que imposibilitaban la democracia, auténtica, rica, profunda. La democracia revolucionaria y socialista.

Pero claro, piensa caminos que, a la distancia, se muestran poco aptos. Especulares: un Estado alternativo, un capitalismo alternativo. Pedagógicos: la centralidad del partido, su papel catalizador de la conciencia. Estatistas: el planteo contradictorio que llama a fortalecer el Estado para destruir el Estado. O la invocación a la necesidad del Estado para dirigir a las masas. Verticales: el socialismo como una donación desde arriba. Los medios que propone se contradicen con los fines. Luego, con el tiempo, esos medios se convertirán en los fines. Se suponía que el gobierno revolucionario crearía las condiciones para que la sociedad civil popular avance en el proceso de extinción del Estado. Pero el Estado terminó fortaleciéndose en desmedro de la sociedad civil popular.

Lenin no deseaba de ningún modo el desenlace que tuvo de la Revolución Rusa. El Estado y la Revolución no deja de proponernos una política que se niega a ser triturada por los artefactos disciplinadores de la potencia popular. Algo bien diferente a la gestión de lo que hay, de lo que está; diferente del oficio mimético de quienes aspiran a alguna forma de continuación de la historia (pero con ellos “dirigiéndola”). Opuesto al fetichismo del poder y a los modos y simulacros de la política pro-sistémica. Una política altiva, que no se subordina a ninguna ley o razón material o jurídica.

Con sus cien años a cuestas, El Estado y la Revolución podría pensarse como un texto idóneo para quienes reivindican una condición inmanente y enraizada de la política popular, para los y las militantes que aspiran a participar de un amplio movimiento que no se coloque por fuera, por encima o por delante de las luchas populares (sin asumirse como poseedores y poseedoras de líneas correctas o verdades prefabricadas ajenas a la actividad práctica objetiva de los hombres y las mujeres históricos). Las líneas correctas y las verdades prefabricadas producen militantes narcisistas y amargados, militantes que le tienen horror a la vida, que no toleran la fragilidad e intentan conjurarla infructuosamente con organigramas, jerarquías, códigos y aparatos.

Aunque puedan identificarse posiciones dirigistas y miradas emparentadas con el ¿Qué hacer?, en El Estado y la Revolución Lenin no deja de reconocer la importancia del arraigo popular de una política emancipatoria y asigna centralidad a sus capacidades para desarrollar algún tipo de interioridad respecto de la clase. Luego subordina el tipo de acción y de organicidad a ese arraigo y a esa interioridad. Por lo tanto, se aproxima a noción de autodeterminación popular y se aleja de la sustancialización de la idea de poder que predomina en otros pasajes y en otros textos suyos. Sin dudas, en Lenin los aspectos relacionados con la autodeterminación están relativizados. Pero están. No hay que olvidar que en El Estado y la Revolución Lenin , retomando planteos de Marx, habló de un “centralismo voluntario” como forma de constituir una nación a través de la “fusión voluntaria” de las comunas.

Asimismo, creemos que El Estado y la Revolución podría pensarse como un llamado a instituir un espacio de imbricación de una compleja y variopinta trama de organizaciones populares, de sus luchas, experiencias, anhelos. Un espacio donde las singularidades plebeyas se anuden, se hermanen, se potencien y se proyecten.

De El Estado y la Revolución podría deducirse como tarea de un gobierno popular la creación de condiciones materiales, sociales, políticas (¿y militares?) de democratización y socialización. O sea, una relectura de El Estado y la Revolución puede servirnos para pensar en instituciones que no maten al movimiento.


El autor es docente e investigador de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y en la Universidad de Lanús (UNLa), Argentina. Escritor, autor de varios libros publicados, entre otros: ¿Qué (no) Hacer? Apuntes para una crítica de los regimenes emancipatoriosIntroducción al poder popular (el sueño de una cosa)El socialismo enraizado. José Carlos Mariátegui: vigencia de su concepto de “socialismo práctico”.
[1] Para este ensayo hemos utilizado la edición de Anteo, Buenos Aires, 1963.
[2] También en Suiza, Lenin había dedicado algún tiempo a sus análisis sobre la lógica y la dialéctica de Hegel, pero los acontecimientos lo llevaron a postergar este proyecto. Un lustro después de su muerte, estos trabajos se publicaron bajo el título de Cuadernos Filosóficos.
[3] Lenin, V. I., Testamento político y Diario de las secretarias de Lenin, Buenos Aires, Anagrama-Página/12, 2011, p. 15.
[4] Ibidem ., p. 27.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.




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El 30 de Junio se define como un proyecto democrático y progresista. Tiene por propósito preservar el legado teórico de Juan Bosch, expresado en sus obras de investigación política, sociológica, histórica y cultural como en su praxis política sustentada en los valores éticos, humanistas y patrióticos que por igual sustentaron Juan Pablo Duarte, Gregorio Luperón y todos aquellos dominicanos que amaron y aman esta patria quisqueyana.

viernes, 15 de septiembre de 2017

Tema: "Ética y Política Críticas"



Primera Sesión (Introducción)

Tema: "Ética y Política Críticas"
Ponente: Enrique Dussel

Lectura: 20 Tesis de Política

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