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La tres raíces del árbol de la patria: Duarte, Luperon y Bosch |
En el ejercicio de la política nos damos con toda clase de gente, y más en un país como el nuestro, donde la política es un potrero sin puertas en el cual puede entrar todo el que quiera y muy especialmente todo el que tenga hambre de figureo, de dinero o de poder.
Normalmente, el
comportamiento de una
persona está determinado
por la clase
o la capa
social a que
pertenece. Los que
han nacido en
hogares donde había
dinero en abundancia,
y sigue habiéndolo
en los suyos,
no se inquietan
fácilmente ante problemas
que sacan de
quicio a quienes
viven en medio
de estrecheces o
de ciertas limitaciones;
y no porque
aquéllos tengan un
control de sus
nervios que los
convierte automáticamente en
superiores a los
demás seres humanos,
sino porque pueden
resolver muchos problemas
de alguna importancia
con sólo poner
su firma en
un cheque…
La posición
que ocupa en las
relaciones de producción
le permite al
capitalista sentirse seguro
a tal punto
que un problema
de 25 mi o de
30 mil pesos
no le perturba
en lo más
mínimo; en cambio,
un pequeño burgués
que tenga que
pasarse el año
trabajando para ganar
25 mil pesos
se sentirá preocupado,
y hasta muy
preocupado, si se
le presentara una
novedad que le
costará 25 mil
pesos, o 20
mil o 15
mil; y para
un bajo pequeño
burgués cuyas entradas
son de 10
ó 12 mil,
la pérdida de
10 mil le
provocará un estado
de nerviosismo que
le quitará muchas
horas de sueño.
El bajo
pequeño burgués, y con más
razón los bajos
pequeños burgueses pobres
y muy pobres,
que son las
capas sociales de
donde salen los
chiriperos, viven con
un margen de
maniobrabilidad económica muy
estrecho, y eso
se refleja en
un alto grado
de susceptibilidad. Es
en esas capas
sociales y no
en las que
se hallan por
encima de ellas,
donde se dan
los episodios de
Fulano que mató
a Zutano porque
éste le debía
5 pesos o
por motivos parecidos.
Cuanto más insegura
sea la situación
económica de una
persona, más se
inclinará a enfrentar
los problemas mediante
reacciones emocionales incontrolables, y así mismo
actuará en la
política si adquirió
durante los primeros años
de su vida
el hábito de
dejarse llevar por
las emociones a
la hora de
tomar decisiones importantes.
Eso es lo
que explica la
sorprendente escasez de
líderes políticos en
una sociedad como
la dominicana donde
la gran mayoría
de la población
es de origen
bajo pequeño burgués
pobre y muy
pobre así como
la reserva de
líderes con que
cuentan los países
altamente desarrollados donde
las capas superiores
de la burguesía
están compuestas por
mucha gente o
los países socialistas
donde la casi
totalidad de la
población es trabajadora
y disfruta de
una fuerte estabilidad
económica y social.
Pero la
emocionalidad o el
emocionalismo a que
es tan propensa
la baja pequeña
burguesía pobre y
muy pobre no
se manifiesta sólo
en forma agresiva;
se manifiesta también
en forma de
ilusiones, especialmente en
relación con la
conquista del poder.
La historia dominicana
está llena de
episodios en que
aparecen representantes de
esas capas sociales
lanzándose a la
conquista del poder
con tan escazas
posibilidades de conquistarlo
que las páginas
de la historia
en que figuran
esos episodios no
parecen, vistas a
la luz de la razón
invenciones de locos.
En algunos casos
recientes hallamos la
influencia que tuvo
la Revolución Cubana
en los sueños
de poder de
nuestra baja pequeña
burguesía en todas
sus capas… Puestos en
ese camino por el impulso
del ejemplo, los
dominicanos actuaron por
sí mismos y
en el siglo
pasado llegaron a
la presidencia de
la República Luperón,
Meriño y Heureaux,
los tres nacidos
y formados en
las capas pobres
y muy pobres
de la baja
pequeña burguesía.
Pero Luperón,
Meriño y Heureaux
fueron realistas y
por tanto no
cometieron el error
político de apoyar
sus deseos de
alcanzar el poder
en fuerzas que
ellos no podían
controlar.
20 septiembre,
1977.
El 30 de Junio se define como un proyecto democrático y progresista. Tiene por propósito preservar el legado teórico de Juan Bosch, expresado en sus obras de investigación política, sociológica, histórica y cultural como en su praxis política sustentada en los valores éticos, humanistas y patrióticos que por igual sustentaron Juan Pablo Duarte, Gregorio Luperón y todos aquellos dominicanos que amaron y aman esta patria quisqueyana.
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